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La alegría del canto vallenato: IVÁN VILLAZÓN APONTE


El vallenato tiene en Iván Villazón, considerado por los entendidos del folclor como “la voz tenor de nuestra música”, a uno de sus intérpretes predilectos.
Cuando se creía que todo estaba dicho en el canto vallenato, apareció Iván Villazón Aponte para dejarnos saber que había una nueva propuesta, que nos llenó de alegría y se sumó de la mejor manera a la iluminación de los nuevos  caminos que surgieron por el bien de nuestra música.
Se confirmó una vez más que la diversidad musical que tiene el vallenato en sus melodías y textos, ha sustentado los profundos cambios que se han ido dando en cada uno de sus momentos de construcción, lo que ha permitido que sus difusores le muestren a Colombia sus fortalezas.
“En nuestra casa, siempre desfilaron los más grandes valores de la música vallenata. Crecí con la imagen de los acordeoneros, cajeros y guacharaqueros, que los cogía la madrugada en nuestra casa, haciendo grande a nuestro folclor. Abrí los ojos con el sonido de un acordeón, crecí con él y quiero vivir eternamente abrazado a ese sentimiento que brota de ese fuelle. Mi vida sin el vallenato no tiene sentido”, así empezó su relato, de lo que ha sido la historia musical de Iván Villazón.
De esa generación posterior a las figuras consagradas del canto vallenato, en cabeza de Jorge Oñate, “Poncho” Zuleta, Rafael Orozco, Diomedes Díaz, Alberto Zabaleta y Silvio Brito, Iván Villazón es una de las figuras más relevante que tiene nuestra música. Él ha cantado los diversos estilos y formas que encierra la composición vallenata, sin perder el sabor especial que tiene su naturaleza.
Villazón se inició al lado de Alfredo Gámez, un acordeonero de San Juan del Cesar, La Guajira, con quien logró encumbrarse al interpretar El arco iris, un paseo de Rafael Escalona, que a los pocos meses de haber salido al mercado, era un éxito nacional. Ese fue el bautizo musical que estaba esperando, que alivió no solo el alma del naciente cantante, sino que a través de esa muestra musical la gente empezó a decir, “nace una nueva voz para el vallenato”. Y de viva voz él nos manifiestó: “Nací en Valledupar el 25 de Octubre de 1959 en el hogar de Crispín Villazón y Clara Aponte. Francisco, Clemencia, María Paulina y Ana María son mis hermanos, a quienes amo”.
Su canto distinto es una nueva manera de contar las diversas historias vallenatas, era lo que todos se sorprendieron al escuchar el tono, el ritmo y el color de voz diferente. Esa década del 80 trajo una nueva esperanza para nuestra música. Era el canto de Villazón Aponte, que empezaba a recoger las mieles de una eterna espera con su primer disco, que no halló el espaldarazo de su disquera, pero sí de un amigo como Ernesto Lacera, quien le prestó un cheque para poder comprar trescientas unidades.
 De sus inicios comenta: “Heredo la música, por parte de mi abuela paterna Ana María De Armas Pumarejo, quien tocaba el piano. Grabé en 1984 con Alfredo Gámez, en 1985 con el rey Orangel Maestre, para discos Philips, luego paso a CBS con el rey Raúl Martínez, más tarde en la misma compañía me uno a Gonzalo Molina. En 1990 lo hago con el Rey Beto Villa y grabo la mejor producción musical de mi carrera artística, tres años más tarde, lo hago con un joven prospecto del vallenato como lo es “Franco” Arguelles. Al separarme hago una unión con Saúl Lallemand, el rey más joven que ha tenido el Festival, con quien estoy en la actualidad y he grabado varias producciones que han tenido mucho reconocimiento en el mercado nacional e internacional”.
Él viajó solo a Valledupar. Allí fue recibido por sus amigos como un héroe. El nacimiento de un nuevo cantor, acordeonero y de un disco, es un acontecimiento especial, es como ganarse un nobel, un óscar, un grammy.  Allí entre festejo y canto, lo cogió la madrugada vallenata que lo hizo aterrizar y mirar con mayor lucidez lo que vendría después.
Tocar las puertas de los medios radiales fue tan duro como el partir del hogar de siempre. Sus únicas armas para esgrimir eran su canto y el primer disco hecho como todo un artesano que apunta su realidad y ante todo su presente, en las canciones. 
“Hoy la historia es distinta. La mayoría de mis compañeros musicales han  sido reyes de festivales, músicos que gozan de su renombre, se pueden defender y contar, lo que le han dado como fruto exquisito al vallenato”.
Todos los grandes acordeoneros que le han acompañado han contribuido para que el canto de Iván Villazón reciba el respaldo de su público, con el que ha logrado atesorar en sus más de tres décadas de actividad artística, destacadas exaltaciones que ratifican la permanencia de su canto en la masificación del vallenato.
Iván Villazón es un cantante que avanza con el tiempo, sin perder la esencia de las raíces. Su voz canta lo romántico actual, con la misma expresión con que lo hace al exponer los sones, merengues, paseos y puyas, elementos rítmicos que por tradición heredamos de nuestros antecesores cultores vallenatos.      
El vallenato tiene en Iván Villazón, considerado por los entendidos del folclor como “la voz tenor de nuestra música”, a uno de sus intérpretes predilectos, que recoge muchos vestigios del pasado pero que se renueva acorde con el paso de una industria musical, que hace y quita ídolos en segundos.
Él es una realidad cantoril que tiene público, que está en el listado de los escogidos por la naturaleza misma del vallenato para que siga divulgando sus emociones expuestas en las letras y melodías de una música que no se extingue, sino que sigue a pasos agigantados abriendo caminos llevando las diversas expresiones de nuestra provincia musical.
Aquella lucha que inició Iván Villazón para mostrarse ante el mundo vallenato como la nueva promesa del canto, es la misma que sigue en la actualidad, en procura de defender la causa natural de nuestra música en toda su dimensión.
Por eso sostiene lo siguiente: “nuestra música es un regalo de Dios, y debe ser tratada con respeto, en procura siempre de expandir ese legado que nuestros campesinos construyeron como una bendición celestial. Apoyo a la nueva generación y seguiré cantando nuestra vallenato como lo siento, No hay que desmayar en la defensa de nuestra cultura musical”.
Él sigue cantando, es lo que mejor sabe hacer. Enamorado como el primer día de ese llamado que le hizo la música y por la que dejó todo, mientras que su público espera con beneplácito, sus expresiones cantoriles para respaldarla, cada vez que decide dejar su voz como una huella imborrable que se afianza con el tiempo.
Su imagen está prendida de una música vallenata, que camina por territorios insospechados, con sus diversos estilos, entre los que aparece su liderazgo para que haya vallenato para mucho tiempo.
Iván Villazón se renueva todos los días, sin que el sonido de sus ritmos se pierdan, sin cerrarle la bienvenida a otras expresiones, de otras músicas locales de la patria o del continente, que con el vallenato se pueden abrazar sin que se pierdan la magia de lo nuestro y lo de ellos.
Con la alegría de siempre, nos habla de su nueva producción: “seguimos trabajando por el vallenato, en busca siempre de llegar a nuevos públicos, de no perder la magia de nuestra música, sin que ello nos impida grabarle a los nuevos autores, que tienen otras visiones en torno a las raíces de nuestra música. Nuestro estilo nos permite grabar los cuatro ritmos del vallenato y las formas rítmicas de una nueva generación que siente nuestra música de otra manera”.
No es raro encontrar, en las madrugadas de los pueblos nuestros, la voz de Iván Villazón que convierte su canto en una agradable bulla musical, que aviva a la Nación, para hacerla más vallenata.

Por:  Félix Carrillo Hinojosa